Un relevamiento del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) reveló que varias localidades del interior y el conurbano bonaerense superan los límites legales de arsénico en el agua potable. El CONICET trabaja en una tecnología sustentable para reducir su concentración.
La presencia de arsénico en el agua de consumo volvió a generar preocupación en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. Un informe del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), que monitorea la situación desde hace 14 años, confirmó que 16 municipios superan los valores permitidos por ley, lo que convierte al agua en no apta para el consumo humano.
El estudio, parte del Mapa de Arsénico elaborado por el ITBA, identificó 12 distritos del interior y 4 del Gran Buenos Aires con concentraciones superiores a 50 partes por billón (ppb), el límite máximo fijado por la normativa nacional. En Nueve de Julio, por ejemplo, los niveles triplican el umbral legal.
Entre los municipios en “semáforo rojo” se encuentran Chivilcoy, Mercedes, General Rodríguez, Monte, Roque Pérez, Azul, Vicente López, Ezeiza y San Vicente, donde se recomienda no usar el agua de red ni para beber ni para cocinar. La exposición prolongada al arsénico puede causar Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), enfermedad asociada a un mayor riesgo de cáncer de pulmón y laringe, además de fibrosis pulmonar y afecciones dérmicas.
El estudio también señala otras 20 localidades en “semáforo amarillo”, con valores que no superan el límite argentino pero sí el establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 10 ppb. En este grupo se incluyen Villa Gesell, Olavarría, Baradero y varios distritos del conurbano.
Frente a este panorama, el CONICET desarrolló un sistema experimental basado en carbón vegetal tratado químicamente, capaz de reducir hasta un 50% la presencia de arsénico y otros contaminantes como nitratos. La iniciativa utiliza residuos orgánicos —como ramas, hojas y cáscaras de semillas—, en una propuesta de economía circular que busca soluciones accesibles y sustentables para comunidades rurales.
El ITBA recordó que la contaminación por arsénico tiene origen natural, vinculada a la composición del suelo y las napas, pero alertó sobre la necesidad de controles periódicos y políticas sostenidas para garantizar agua segura. Además, puso a disposición del público su Mapa de Arsénico y el Laboratorio de Ingeniería Química y Medio Ambiente (LIQMA) para realizar análisis voluntarios.

